Fecha: 2026-02-24T10:00

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San Pedro Cholula | Con saldo blanco y la participación de 11 batallones, el Carnaval concluyó este domingo tras dos días intensos de desfiles, el robo de la dama y la quema del jacal.
Sin embargo, detrás de la fiesta que atrajo a unas 15 mil personas, persiste el debate: ¿Esta recreación del Carnaval de Huejotzingo es una verdadera tradición o un inconveniente que ya no encaja en la Cholula turística, familiar y espiritual de este siglo?

LOS QUE DICEN “BASTA”
Para un sector de habitantes y visitantes, el carnaval se ha convertido en sinónimo de caos. El ruido de los mosquetones —esos rifles cargados con pólvora negra que retumban como cañonazos— es el principal reclamo. “Es ensordecedor. Desde las 6 de la mañana hasta entrada la noche no hay forma de descansar. Las ventanas vibran, los niños lloran y los perros se esconden debajo de la cama”, cuenta doña Guadalupe Hernández, de 62 años, vecina de la calle Morelos, a dos cuadras de la Plaza de la Concordia.
Su experiencia no es aislada. Otro grupo critica la presencia de danzantes que, pese a las prohibiciones expresas de venta y consumo de alcohol en vía pública, logran ingerir bebidas embriagantes durante los desfiles. “Vi a varios enmascarados tambaleándose con el mosquetón en la mano. Eso no es tradición, es irresponsabilidad”, señala un turista de la Ciudad de México que prefirió no identificarse.
El riesgo latente de accidentes tampoco pasa desapercibido: en 2024 un danzante perdió la vida en su domicilio al manipular su arma de manera accidental, un hecho que aún resuena entre las familias locales.
LOS QUE DEFIENDEN LA FIESTA COMO VÁLVULA DE ESCAPE
Del otro lado están los fieles a la tradición y familias que ven en el carnaval como un gran desahogo antes de la Cuaresma y la Semana Santa. “Todo el año trabajamos, pagamos deudas, lidiamos con el tráfico y las presiones. El carnaval es nuestro momento de soltar todo: bailar, gritar, disparar al cielo y sentirnos vivos”, explica don Roberto del batallón de los Zuavos desde hace 15 años y padre de tres danzantes jóvenes. Para él y cientos como él, los mosquetones no son un peligro, sino el corazón mismo de la representación histórica de la Batalla del 5 de Mayo y la intervención francesa.
La familia Pérez, originaria de Atlixco y visitante frecuente, coincide. “Llevamos a nuestros hijos desde pequeños. Ven la coreografía, el color de los trajes que cuestan hasta 40 mil pesos, el humo de la pólvora… y entienden que esto es Puebla. Es historia viva”, dice Laura Pérez mientras su hija de 9 años posa con una mascarita de Zacapoaxtla. Para ellos, la fiesta libera tensiones acumuladas y fortalece el sentido de comunidad antes de entrar en reflexión.


UNA POSTURA INTERMEDIA: TRADICIÓN SÍ, PERO ADAPTADA
Las posturas del público y participantes parecen indicar que la opción no está en prohibir ni en dejar todo igual, sino en modernizar la festividad respetando los usos y costumbres de Cholula, Ciudad Milenaria y Pueblo Mágico con vocación turística, educativa y espiritual.
Las voces indican que es inamovible la escenificación de la Batalla del 5 de Mayo y los elementos icónicos (danzantes, batallones, robo de la dama, quema del jacal), pero con garantías reales para el público que aún quiere disfrutar el espectáculo sin riesgos:
• Zonas seguras y acordonadas para observadores sin riesgo de ser alcanzados por un artefacto de pólvora.
• Control estricto y sanciones inmediatas al consumo de alcohol entre participantes.
• Horarios limitados de detonaciones y reducción gradual del uso de mosquetones en zonas residenciales.
• Programas de sensibilización para danzantes jóvenes sobre manejo responsable de las armas y el alcohol.
De esta forma, Cholula no perdería su identidad ni su atractivo turístico, pero ganaría en seguridad y convivencia, coinciden los entrevistados.
El Carnaval de Cholula 2026 demostró que es posible tener orden, pero también dejó claro que el debate apenas inicia. Mientras unos cuentan los días para volver a vestir el traje de su respectivo batallón, otros sueñan con un febrero más silencioso. La decisión está en la cancha de las autoridades municipales, los generales de los batallones y la propia comunidad: ¿seguimos como siempre o construimos juntos la fiesta que todos merecemos?